La historia de la contabilidad y de
su técnica está ligada al desarrollo del comercio, la agricultura y la
industrialización como actividades económicas. Desde su comienzo, se buscó la
manera de conservar el registro de las transacciones y de los resultados
obtenidos en la actividad comercial. Los arqueólogos han encontrado en las
civilizaciones del Imperio inca, del Antiguo Egipto y de Roma variadas
manifestaciones de registros contables, que de una manera básica constituyen un
registro de las entradas y salidas de productos comercializados y del dinero.
La utilización de la moneda fue importante para el desarrollo de la
contabilidad, ya que no cabía una evolución semejante en una economía de
trueque.
Contabilidad en la Antigua Roma
Existía dificultad para proporcionar
datos objetivos sobre el desarrollo de la contabilidad en el Mundo Antiguo,
especialmente en Roma, por la escasez de documentos conservados sobre la materia
y por su desconocimiento formal sobre esta materia. Sí se conoce que gozaba de
un papel relevante, así se admitía como medio jurídico de prueba la inscripción
de préstamos en el libro contable del acreedor (Codex rationum) y en el
libro de ingresos y gastos, (codees acceti et expensi). Catón el
Viejo, en su obra De re rustica (o Res
rustica), incluye los datos fundamentales que se requerían para la
contabilidad y su utilización como herramienta para evaluar la gestión de los
negocios por los "factores" frente a los propietarios agrícolas que
solían residir en las ciudades.
Algunos historiadores han creído
observar en los fragmentos incompletos que se conservan de contabilidad un
primer desarrollo del principio de la partida doble, aunque existe mucha
diversidad de opiniones sobre esta tesis, hay algunas citas de grandes autores,
como Cicerón, que parecen sustentar tal hecho, pero son demasiado confusas
como para establecer la tesis de que el método de la partida doble era conocido
en la Antigüedad.
Periodo medieval
Las prácticas contables más o menos
evolucionadas habituales en el mundo antiguo desaparecieron, debido a la casi
completa extinción del comercio en Europa en los siglos posteriores a la caída
del Imperio romano. La contabilidad tuvo que desarrollarse partiendo de
cero, especialmente al compás del auge comercial, que tuvo su primer gran
impulso con las cruzadas.
Dos grandes órdenes militares, la de
los templarios y la de los caballeros teutónicos, desarrollaron
durante los siglos XII y XIII sistemas de contabilidad perfeccionados,
influidos probablemente por las prácticas de los comerciantes libaneses con los
que ambas órdenes tuvieron contacto en sus inicios.
Los caballeros teutónicos
trasladaron su actividad a las regiones bálticas y allí mantuvieron contacto
con las ciudades comerciales de la Liga Hanseática. Esta Liga desarrolló
con profecía la «contabilidad de factor», es decir, la del comisionista que
debe rendir cuentas a su comitente. En tanto que los mercaderes italianos
presentaron mayor atención a una contabilidad de carácter patrimonial, más
adaptada al contrato del comerciante sobre sus empleados.
Las repúblicas comerciales italianas
y los Países Bajos serían durante los últimos siglos de la Edad Media las
regiones europeas en que la vida comercial iba a ser más intensa. Como
consecuencia natural, la práctica contable iría desarrollando nuevos métodos en
estos países, y sería en todas estas repúblicas italianas donde surgiría la
moderna contabilidad.
De los primitivos memoriales, en los
que los comerciantes anotaban sin ningún orden particular las diversas
operaciones que precisaban recordar, se fue evolucionando poco a poco hacia un
sistema contable de partida simple; a medida que el gran número de anotaciones
necesarias aconsejó a los comerciantes y prestamistas ir desglosando del
memorial diversas cuentas, en las que anotaban grupos de operaciones poseedoras
de alguna característica común, tales como ir referenciadas a una determinada
mercadería o bien a una misma persona. El modo de hacer las anotaciones fue
perfeccionándose cada vez más y originó el progresivo desarrollo de ciertas
reglas prácticas, hasta que en un momento no determinado con exactitud por los
historiadores apareció, en la zona de influencia económica italiana, el método
de la partida doble.
La partida doble tuvo su origen
probablemente en la región de la Toscana antes de finales del siglo
XIII, el ejemplo más antiguo de su uso son las cuentas públicas de la ciudad de
Génova del año 1340. En el siglo XI, parece ser que los banqueros y
comerciantes toscanos disponían de una técnica contable tan desarrollada o más
que la empleada por los venecianos, y diferente en algunos puntos importantes
de la de estos. Sin embargo fue la contabilidad a la veneziana la
que se impuso, gracias a la imprenta, que permitió su difusión antes que
ninguna otra
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